Con una idea nueva hay dos momentos mágicos: cuando la concebís y cuando la presentás. En más de 20 años de trabajar en creatividad e innovación me fui encontrando con infinitas respuestas diferentes frente a la propuesta de alguna nueva idea, desafío o innovación, sea mínimamente incremental o totalmente disruptiva. Lo bueno es que esa infinidad de respuestas se pueden agrupar en tres grandes grupos. Tres y nada más que tres.

  1. No, porque.
  2. No, pero.
  3. ¿Y si…?

Veamos cada una:

No, porque.

Es la frase de la derrota y la desmotivación. O de la irresponsabilidad, según el tipo de noporquista que la diga. Suele escucharse cuando se presentan ideas o proyectos que objetivamente están buenos, realmente podrían funcionar muy bien, y chocan contra este muro. La usan los que dicen que no y ponen un por qué atrás. Entiéndase, no hablo de una justificación clara y profesional, sino al uso que le dan los que, ante un problema o desafío nuevo, su respuesta automática es “No, porque” y son refractarios a nuevas opciones. Falta de visión, de ganas, de ideas, de intuición, de coraje; o sobra de comodidad, excusas, pereza, inercia. Sentís que asustás si proponés algo nuevo. La negligencia siempre está revestida de razonabilidad: los plazos, la crisis, el riesgo, la oportunidad, el timing, el cliente, su jefe, el cosmos, lo que sea, para no cambiar o considerar una solución.

Se sabe que la ciencia conoce dos subtipos de noporquistas: el primero es elnoporquista autómata e irreflexivo. Es el que acabamos de describir, el que mata cualquier tipo de cambio o idea creativa que mejore el satus quo, sin siquiera evaluar los pros, siempre viendo las contras. Pareciera que le diera placer encontrar el no. Es gente que prefiere un presente mediocre sólo porque es cómodo, en vez de un futuro mejor, simplemente porque hay un riesgo (¡como en todo cambio!) o porque hay que poner energía o trabajar un poco más. No importan los argumentos evidentes, incontrastables y fuertes que le des, el noporquista siempre añadirá un noporque a cada uno. Lo más gracioso es que quizá es gente que esté quejándose de su actual situación (por ejemplo, estar en un empleo insatisfactorio o que le vayan mal las cosas) y cuando le sugerís un cambio concreto, te noporquean y no cambian. Inentendible, ¿no? Si estás mal, o tu realidad podría ser mejor y preferís lamentarte en vez de intentar algo nuevo -aunque implique riesgo- entonces mejor ni abras la boca. A esta gente le preguntas “Che, ¿esto se puede hacer?” y la respuesta es noporque y punto. No te va a dar alternativas, te deja ahí, tirado de impotencia.

El segundo tipo es el noporquista excusador. El que cuando le delegás una tarea razonable para hacer en un plazo razonable… no la hace, con un noporque atrás. El noporque puede ser cualquier escollo con el que se haya encontrado y la persona prefirió frenarse en vez de buscar opciones, avanzar con otras cosas o resolverla de una forma nueva, aunque implique riesgo. Suelen ser personas que usan frases como estoy tapado, estoy quemado, estoy complicado, estoy estoy estoy, para explicar por qué no resolvieron las cosas. Y es curioso, porque con la misma carga, otros sí las hacen.

En fin, no sufran, miren a su alrededor: todo objeto creado por el hombre fue posible gracias tipos que desoyeron cientos de noporques. El que propuso hacer la rueda se enfrentó con el noporquista que le dijo que hacer caminos era difícil. El que inventó el avión, con el que le dijo que era peligroso. El que conquistó Persia obligó al noporquista que se excusaba de no haber cumplido, y así todo.

No, pero.

Vamos mejorando. Es la gente que te dice que no + te da una justificación + te propone una o varias alternativas. Estar con alguien así da placer intelectual, emocional y hasta físico, les confieso. ¿Por qué? Porque agrega valor al equipo, al grupo, al universo. Juzga, entiende que algo no es viable, pero sugiere nuevas ideas, no se queda en el noporque. Entusiasma. Es estimulante trabajar con gente de esta ralea, sean colaboradores, colegas, proveedores o clientes.

De paso, los noperistas son personas muy valoradas en sus ambientes, ya que suelen ser buenos dialogadores, interlocutores y profesionales propositivos ante cualquier dificultad. Obviamente, tienen mejores carreras y proyecciones laborales. Son pulgas, saltando de de un no a un tal vez, constantemente. En lo personal, me siento muy cómodo y seguro trabajando o compartiendo cualquier actividad con noperistas.

¿Y si…?

Los que usan esta frase pertenecen a la raza mágica. Es la superación del noperismo y la antítesis del noporquismo. Es gente que ante una situación o problema, no sólo se pone a tirar ideas, cantidad de ideas, sin miedo al ridículo y con hambre de dar con la solución, sino que además, abre la mente de los otros. Al ysiísta le planteás algo, piensa y te devuelve otra opción más amplia y rica.

Cuando todo el mundo está atascado, el ysiísta es quien empieza a preguntar ¿Y si probamos con tal cosa? Esa pregunta mágica energiza las mentes de todos y permite que la gente produzca ideas y las evalúe sin vergüenza. Ya la misma construcción gramatical de la pregunta “¿Y sí…?” implica potencial, apertura, chances, no-miedo. Y no tiene empacho en preguntarlo 200 veces, en un proceso mayéutico, hasta dar con la solución. No se cansa, no se abate, continúa hasta el final. Esta gente es la insustituible de cualquier equipo humano. Algo debe pasar en las neuronas cuando alguien hace esa pregunta, porque pareciera que se activaran las sinapsis y las ideas fluyeran como por encantamiento.

Trabajar con un ysiísta es una de las cosas más emocionante que hay. En las reuniones, en vez de venir a traer problemas o hacer catarsis, traen ideas, muchas ridículas, otra buenas, alguna genial, que cambian la realidad. Son gente que usa la energía en generar, en vez de lamentarse o buscarle el no a las cosas. Les deseo de corazón que tengan a muchos así cerca suyo.

La realidad nos da la razón. Toda creación humana es iniciativa de ysiístas, que proponen un sueño, más el aporte de noperistas que lo bajan a la ejecución, y con la mustia expectación de noporquistas, que se quedan afuera del cuadro, mirando cómo sí se puede. Elijan y conserven a la gente correcta. Y el logro viene por añadidura.

©JIR para L!NDA