Perdón que en este post no hablemos específicamente de creatividad, pero ampliemos un poco el scope, porque ideas y paradigmas hay en todos lados, ¿ok?

Cuando se dirigía al exilio en Chile, Domingo Faustino escribió su célebre “On ne tue point les idées” (“Las ideas no se matan”). Pero disentimos con el educador, porque se nos ocurren un arsenal mortal, aunque humilde -solamente dos armas- para las ideas:

  1. Otra idea.
  2. La realidad.

Antes de seguir, aclarermos a qué nos referimos con “idea”. No a la Idea platónica del mundo inteligible, arquetipo eterno e inmutable de todo lo existente. No: me estoy refiriendo a la representación mental de un conocimiento, afirmación o razonamiento que damos por verdadero. Lo que comúnmente expresamos como una opinión, conclusión, o afirmación. Bah, una idea, creencia, teoría.
Así las cosas, les contamos cómo funcionan las armas.

  1. Otra idea: el mecanismo es sencillo; si la víctima es una teoría, se la mata con una teoría mejor, superadora y más adecuada para la explicación del fenómeno o cosa que se quiere interpretar o describir. Si la víctima es un razonamiento, se la mata con la demostración clara de la inconsistencia lógica, desnudando la falacia o sofisma.
  2. La realidad: más simple todavía. Si una teoría (idea) no se condice con la vida (realidad), muere. Lo mismo con una ideología: la mejor forma de refutarla es ponerla en práctica. Como la aplicación -y el fracaso- del marxismo refutó a la teoría del marxismo. Deja de tener sentido o validez como verdad, cuando se la contrasta con la praxis, la evidencia o la información que la invalida. En tal caso, la realidad -su representación mental- es la nueva idea.

Esto lo expresó clara y humildemente el capo de Florentino Ameghino, naturalista y antropólogo, creador de varias teorías sobre el origen del hombre, cuando dijo:Cambiaré de opinión tantas veces y tan a menudo como adquiera conocimientos nuevos; el día que me aperciba que mi cerebro ha dejado de ser apto para los cambios, dejaré de trabajar. Compadezco de todo corazón a los que después de haber adquirido y expresado una opinión, no pueden abandonarla más”.
Volviendo a Sarmiento, es claro que el sentido de la frase y que se refería a la violencia y persecución por las ideas políticas, que son amplias, llenas de matices y abarcativas de muchas dimensiones de un país, como la educación, organización social, defensa, salud, sistema de gobierno y etcétera. Pero así y todo, una idea o sistema de ideas -cualquier “ismo” que conozcan: marxismo, capitalismo, positivismo, lo que sea- también puede ser muerto a manos de la realidad, cuando empíricamente se demuestra que la teoría no se aplica o no es viable. ¿Cuántos “ismos” murieron en la historia de la Civilización? Puf, millones. Y hay muchos agonizando, yendo hacia la implosión. Sin embargo, es la forma en que aprendemos como personas y como especie; así avanza la ciencia (inclusive las ciencias sociales) y se enriquece el conocimiento. Bueno, no siempre: los necios, los fanáticos o los cobardes se aferran tesoneramente a sus ideas, aunque la realidad demuestre que son erróneas, sostenidas como gotitas condensadas sobre un vidrio resbaladizo donde, debilitadas por el calor de la certeza, tarde o temprano se deslizarán hasta caer. Ojo, que a veces nosotros podemos ser ellos.
Como ven, la idea es que las ideas sí pueden pasar a mejor vida sin que ninguna persona perezca. Pero a este post también se le aplica el mismo principio que está expresando. Si tienen una idea mejor, le damos sepultura a la nuestra, y a otra cosa.
© JIR para L!NDA